J.M. Barrie creó con Peter Pan una novela de aventuras mágicas, donde el mundo real de los niños desaparece para dejar lugar al mundo fantástico de Peter, el País de Nunca Jamás, donde abundan las hadas, los indios, los malvados piratas capitaneados por Garfio y demás seres maravillosos. Esta obra de Barrie es sin duda el libro de fantasía más popular del siglo XX, que trata sobre el crecimiento y la pérdida del mundo mágico de la niñez.
Mini, porque hay muy poco que pueda decir de este libro que no sepan ya, de un modo u otro. Ya sea por alguna de las películas (o varias, o todas) que se han hecho o por conocimiento general, apuesto a que todos saben de qué va la cosa. Sin embargo, descubrí que la impresión que tenemos puede ser errónea, y este libro ni es tan dulce como lo pinta la versión animada de Disney, ni tan melancólico como lo hace la actuada, ni tan descabellado como lo propone Robin Williams, ni tan salvaje como en la adaptación del 2015: es, por el contrario, un poquito de todas.
Esta historia tiene la particularidad de hacerte reír y llorar y hacer aww mientras estás sentado al borde del asiento, porque todo se sucede y se superpone bastante -un poco como en la vida. El surtido de personajes es variado y diverso, y tan inocente que uno no puede más que creerles, y hasta lo más ridículo de su actuar tiene un poco de lógica. Tanto los niños perdidos como los Darling, como el mismo Peter y también los piratas (y hasta diría que los indios) tienen su forma de llegar, de hacerse querer.
No cometan el error de dejarlo pasar por "ya saber de qué va", algo de lo que pecamos en demasía: lo que este libro les ofrece se parece un mucho, pero también en nada, a las expectativas que tienen de él, y estoy segura de que las excede.




