Falta una semana para Navidad, pero no todo el mundo es feliz en el pueblecito de Pine Cove (California). El pequeño Joshua Barker necesita con urgencia un milagro navideño. Y no es que esté moribundo, ni que su perro se haga escapado de casa: es que Josh ha visto cómo a Santa Claus le abrían la cabeza con una pala. Ahora solo anhela una cosa: que el viejo barbudo regrese de entre los muertos. Lo que no puede imaginarse es que alguien está escuchando sus plegarias... aunque no destaque por ser, precisamente, el más listo de los ángeles.
No dejen que la portada inocente los engañe: de inocente no tiene nada. Quieren leerlo, pero no quieren regalárselo a sus sobrinos. De verdad. No lo hagan. (A no ser que sus sobrinos sean +14). Se recomienda discreción.
Pine Cove está cubierto de espíritu Navideño; Dale Pearson es un idiota y un tacaño y se encuentra vestido del peor Papá Noel del mundo, y, en un confuso episodio, Lena Márquez lo mata con una pala y lo entierra con la misma, con la inestimable ayuda de Tucker Case. Tucker es piloto y tiene un murciélago de la fruta que duerme en su campera y usa gafas de sol Ray-Ban tamaño murciélago de la fruta.
Josh Barker tiene pocos años y muchas ilusiones, y tiene también la desgracia de observar la escena de Lena y Dale. La mejor solución que se le ocurre es improvisar una plegaria y pedirle a quien sea que Santa Claus resucite. Minutos después, llega a su casa aquel a quién Josh describirá a la policía como alto, rubio, y con algo de pinta de retrasado.
La policía, por otra parte, puede también llamarse Theo Crowe, casado con Molly Seldon, quien tiene lo que ella llama "momentos artísticos" -también conocidos como brotes psicóticos-, y quien es también la mejor amiga de Lena, y quien, también, es la única que logra interactuar con Raziel.
Y Raziel, el tipo alto y rubio, no es, bajo ningún punto, un ángel inteligente, pero el hombre solo está tratando de hacer su trabajo. ¿Cómo iba a saber él, después de todo, que quien le pidieron que resucite no era quien Josh pensaba? ¿Y qué culpa tiene él si lo que Josh quería no era un Papá Noel zombie? ¿Y es realmente su culpa la invasión de no muertos que interrumpe y arruina la cena navideña comunitaria del pueblo? Pista: sí lo es.
Absolutamente todo en este libro es absurdo. Y eso es fantástico. No es serio y tampoco es pretencioso, ni resulta una crítica obscena ni antipática a la festividad, ni pude encontrarle ninguna connotación negativa. Se trata sencillamente de una serie de malentendidos que llevan a un desastre, y la situación no debería ser cómica, pero lo es constantemente, y en eso radica: el humor puede estar en cualquier lado.
Es imposible calificarla o analizarla con los mismos estándares que se utilizan para una novela coherente: profundidad y estructura de la trama, construcción de personajes, nada de eso. Tucker, en particular, no tiene ni pies ni cabeza, y Raziel es tan tonto que da ternura. Tampoco puedo decirles que está bien armada, porque, a grandes rasgos, es una sucesión de escenas desperdigadas por todo Pine Cove que forman un todo, y la razón por la que tienen que leerlo ni siquiera es esa, sino que es divertidísimo. Desternillante. Trágicamente cómico. Si, como Josh, aman la Navidad, corren ya mismo a buscar este libro, y sino también.






